• Saru

  • No todo lo que empieza tiene un final

24 Julio 2010

Una historia de amor sin final

Hoy he decidido pasar todo lo que tengo aquí, mientras Mike juega a estrellar coches en la videoconsola. Ésta es una historia de amor sin final, porque a mi me gusta inventar principios, pero odio escribir finales :) Es del 9 de diciembre de 2008:

Paseábamos de la mano. Y la lluvia nos caía encima. Pero la verdad es que no nos importaba en absoluto. Hablábamos de todo. De tí, de mí. De nosotros. En realidad, nosotros éramos todo.

¿Recuerdas ese día? ¿Cuando nos conocimos? También estaba lloviendo y yo entré empapada al café de la plaza mayor, buscando resguardo de las lágrimas del cielo. De fondo sonaba un piano, una melodía romántica que me hizo olvidar por qué había corrido hasta allí y me trajo delante de los ojos una agradable visión.

Colores y formas, teclas de piano que se movían bajo unos dedos. Y entonces tu risa me rompió la ensoñación.

Y me estabas mirando. Antes de que me diera cuenta ya estabas ahí, delante mío. Me asombró un poco, la verdad.

A escasos centímetros de mis ojos, estaban tus labios. ¿¡Te estabas riendo de mí!? Tus amigos estaban sentados, expectantes. ¡Y también reían!

Con el dulce piano de fondo oí tu voz por primera vez. Y de tus labios de caramelo salió la pregunta más obvia que alcanzo a recordar…

¿Está lloviendo mucho?

Suerte que te contesté que sí, que un poco. Si llega a ser otra la respuesta e imagino que las carcajadas que soltaron tus amigos habrían sido mucho más sonoras. Creo que se hubieran contagiado al resto del bar. Suerte que tu, en vez de reírte, te quedaste mirándome a los ojos.

Bueno, recuerdo que se te escapó una sonrisita burlona cuando viste como me sonrojaba. La verdad, no esperaba que alguien como yo fuera capaz de levantar tal revuelo.

Bah, lo dejo aqui. solo me gusta el principio

como con todo lo que escribo, no me pidais que lo acabe… no me gusta acabar lo que escribo

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24 Julio 2010

Memorias de antaño 2

De nuevo, es gracioso releer lo que escribí hace tantísimo tiempo, esto es del 4 de diciembre de 2008, un año y (¡qué tonta! ¡un año no!) pocos días antes de conocer al que es verdaderamente mi príncipe (léase El principio de nosotros y Seguimos siendo nosotros). Casualidades…

Hablemos de casualidades, de no forzar las cosas… Que es muy importante.

Las casualidades, uf. No creo que existan aunque cuando hablemos las hagamos aparecer… “Es una forma de hablar” y nunca mejor dicho, cuando dices “pues que casualidad!”

La verdad es que creo que hace mucho que no digo esa frase… será que ya está en mi subconsciente jajaja

Las cosas nos pasan porque nos tienen que pasar, creo que a eso tambien tendriamos que acostumbrarnos, y no podemos forzar algo a que pase porque lo unico que podemos conseguir es un desastre ( como yo y mi pie )

Aunque tambien hay otra posibilidad… ser conscientes de que el objetivo es muy dificil pero ponerle empeño y no cesar en nuestros intentos, porque el solo hecho de intentarlo ya nos está haciendo mas felices ( como yo y los patines )

Vamos, no sabeis que los alquimistas no ansiaban oro, sino la forma de conseguirlo? su objetivo no era hacerse ricos, su pretensión constante fue seguir el camino para conseguirlo, lo que querian en realidad era aprender y aprender aprendiendo, o sea, conocer más cosas mientras intentaban llegar a la fórmula.

Y bueno, a parte de eso…

Un tema recurrente, del que una se acaba cansando, del que no hay más respuesta que un “aaaaaaaaaaaah”
¿Por qué no existe alguien? Alguien para mi…

¿Por qué me sale así, por qué voy jodiendo x el mundo?
No lo entiendo, ¿qué hice yo para merecer lo que tuve?, ¿por qué me toco a mi tenerlo? y lo peor… ¿por qué se ha quedado en mi mente y ha derivado a volverme asi?

En realidad, desde que todo eso pasó, mi mente se ha quedado fría, ya no siente, ya no tiene capacidad…

Claro que cada vez existe una atracción, cada vez se crea una ilusión por la otra persona, y tal como aparece se esfuma sin querer, sin que yo quiera dejarla ir, huye de mi la sensación de amar para pasar a ser tan sólo una caricia olvidada… Y una hostia de repente en su cara, que queda atónita ante la situación.

Es como una fuerza superior. Soy insensible al dolor ajeno,se perfectamente que sus ojos se ahogan y… bueno, claro que no me siento genial… pero no moriria por eso, ni mucho menos…

Sentir que quiero lo que no tengo y apoderarme de ello, llegar al zénit, conseguir mi propósito, por el cual he luchado… Luego tan sólo me deja una sensación amarga, la de haber tenido que convencerte y luchar para que me ames…

Y cuando consigo que alguien venga sin ser llamado, que me entregue algo que quiero, es cuando lo rechazo… No me van las cosas fáciles, lo siento. Necesito complicaciones para sentirme viva, y , quizás, también para sentirme desdichada… Y seguir con la idea de ese príncipe azul e ideal que vendrá a acompañarme durante mi viaje, esa persona que apoye aunque quiera proteger…

Para qué idealizar? Seguimos como ayer… no sirve pensar así sí y así no.

Mi deseo es que llegue, y,tan sólo mirandole a los ojos, no tenga que preguntarme “¿sí o no?”

Y aquí lo dejo, creo que el ultimo trozo es el más importante

no vale preguntar ¿cual es el ultimo? para leerselo. Avisados quedais, que no contesto a eso xD

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24 Julio 2010

Memorias de antaño

Hola, hace mucho tiempo que no escribo, pero me apetece pegar cosas que escribí hace tiempo. La primera que pegaré será algo que escribí el 3 de diciembre de 2008. Ahí va:

Antes de dormirme, que la verdad, me costó bastante ayer, me puse a pensar en todo…

En el tiempo, recordando una actualización en la que hablaba de él como algo que se escapa tan rápido cuando lo quieres, y que se aprecia tan lento cuando no te importa nada más que el hecho de que pase rápido…

En el pasado, y ese cúmulo de vivencias que quedaron ya a la espalda, en esa mochila de recuerdos, que en ocasiones te pesan demasiado y prefieres soltarlos a la merced de su sino… destino que normalmente es perderse en lo más profundo de tu subconsciente para quizás, sólo quizás, aparecer mucho tiempo después…

En los errores, que normalmente son más difíciles de olvidar que los aciertos…

En las personas que por algun guiño en otra parte del mundo, llegaron a tu vida por culpa o gracias al efecto mariposa…
Y que después de un pequeño golpe de aire se van, de la misma forma que llegaron…

Y la suerte, que parece que te devuelva tus pecados, que simula una balanza, que quiere serla… pero no lo es. Porque te quita miles y te devuelve millones, o viceversa. Porque a menudo te da música cuando no puedes oír, o te da vista cuando no hay más que oscuridad para ver…

No estoy especialmente triste, más bien feliz y confusa, como cada dia.

Despertarse cada mañana es abrir un nuevo interrogante, aunque las preguntas no tengan nada que ver con lo que todos creeis…

Son preguntas que posiblemente tengan respuesta, únicamente hay que esperar a que la respuesta “suceda”. Esas son las preguntas que aparecen en mi. “¿Es esto posible?”,”¿Cómo sabré si…?”,”¿Qué está pasando?”.

Iba a decir siento, pero no lo digo, porque no es asi. No siento haber escrito todo esta parrafada, la verdad, lo necesitaba. A menudo necesito escribir, porque, al igual que otros se expresan dibujando, yo me expreso con el don de materializar mis pensamientos en miles de píxeles en forma de letras.

Ahí queda eso =)

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28 Septiembre 2009

Aviso:

Hola! Para quien no ha leído nunca el blog, El principio de nosotros es la primera parte de mi historia de amor, y Seguimos siendo nosotros es la continuación. :D

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28 Septiembre 2009

Seguimos siendo nosotros

“¿Qué, no has pensado que alomejor soy una psicópata?” Risa vergonzosa de él. “¿Cómo te llamas?” Se llamaba Michael. “¿Ah si? ¿Y eso?” Yo parecía un yoyó, cada cosa que me decía el chico-musculitos-trident-chulito-ideal, yo se la decía a Patricia, que estaba a mi izquierda. Me sabía mal por ella, bueno, habíamos salido precisamente porque ELLA estaba mal con su novio. Y yo voy y me encuentro con un chico. No,no. Con ESE chico que me derretía con su sonrisa y con su olor…

“Bueno, es que soy medio americano. Mi madre es española y mi padre americano.” Entonces yo pensé “sí hombre, y qué más”. Pues resultó ser cierto. Le dije lo típico de… “Dime algo en inglés”. Y él me dijo que todo el mundo le preguntaba lo mismo, que qué quería que me dijera, que aún no tenía una frase determinada para esos casos.

“Whatever”

Estaba segura de que si no sabía inglés y lo que quería era tomarme el pelo, no tendría ni idea de qué querría decir “whatever”. Y él, tan guapo, va y me dice “¿Cualquier cosa?” Vale, sabía inglés. Era guapísimo. Era encantador. Era mi prototipo de hombre ideal… Aunque desde los 8 años no había tenido un prototipo de hombre ideal, se me formó de nuevo al verlo.

Después de unos 10 minutos hablando en plan yoyó, me di cuenta de que “nuestro amigo” el psicópata seguía ahí de pie, expectante. Se lo dije a Patricia. Se lo dije a Michael. Me levanté y me puse delante de él. Soy más bajita que cualquiera, pero más chula que un ocho. Le cogí de la cara para que me mirase a los ojos.

“¿Qué te pasa,estás nervioso?” Estoy segura de que alucinó. “No, no me pasa nada” Alomejor fui la primera chica que le tocó la cara en su vida. Quién sabe. “Ah. Es que veo que estás inquieto. Bueno pues nada, que vaya bien, eh” Se fue. Creo que entendió mi (in)directa.

Nos reímos de la conversación cuando se la expliqué a Patricia y Michael (igualmente en plan yoyó). La noche fue avanzando muy entretenida, me sabía mal por Patricia porque Michael me abrazaba de vez en cuando y MUY efusivamente. Llegué a pensar que el chico estaba un poco falto de amor. No me equivocaba demasiado. Pero esto más adelante :)

Hicimos un concurso de aguantarse la risa. Michael siempre perdía. Patricia se reía también pero porque nosotros hacíamos el burro. Bailamos, bebimos (agua), nos reímos. Y volvió el psicópata un ratito después.

“¿Cuantos años tienes? Yo digo que 18″ Pues chico, casi casi. “Tengo 19″ Puso cara de estar enfadadísimo. “Pues yo 18″ Se giró y se fue. No supe si reírme o qué hacer. Pero bueno, seguimos pasando la noche, riéndonos y bailando.

La última visita del psicópata fue la de “¿Bueno qué, vas a bailar conmigo o no?” Le expliqué que no, que estaba con mis amigos y que no los iba a dejar. Me entendió. Creo que después de eso ya se fue. Almenos no lo volvimos a ver.

Al cabo de una horita, serían las 5 y media o así, Michael me dijo que tenía que irse,su amiga en realidad era su tía y le estaba llamando. Le dije a Patricia que si nos íbamos nosotras también; Michael me había dado su número pero no quería tener que decirle adiós tan pronto. Me gustaba muchísimo, era como un imán. Me daba miedo que se fuera y no volviera a verle nunca más,aunque algo en mi interior decía que era casi imposible que eso ocurriera.

Su tía, antes de irse, vino y me dijo si me gustaba su sobrino. Le dije que sí. “¿Un poco?” No sé si se enteró de mi respuesta, “Yo creo que más bien dos pocos”.

Nos marchamos y… uf… nos separamos. Dos besos de rigor y un adiós sin fuerza. Su olor estaba en mi ropa, y Patricia se reía como diciendo “ayyy tía, salimos por mi y mira como acabamos”. Le mandé un sms diciendo lo muchísimo que me gustaba. Se supone que cuando alguien te gusta no debes irle detrás,¿no? Me dio bastante igual. Él me contesto unos cuantos sms y yo le contesté otros cuantos. El día siguiente él trabajaba, así que me mandó su último sms y yo decidí también parar.

Sábado, el día siguiente. Nos mandamos mensajitos para quedar el domingo. Yo estaba en una nube, flotando en su olor, en su sonrisa, en sus abrazos… Los del día anterior, claro.

Yo quería ir a ver Crepúsculo. La de vampiros. Me había leído el libro y quería confirmar por enésima vez eso de que los libros siempre son mejores que la película. Quedamos en la salida del metro de Barceloneta, no recuerdo a qué hora. Diremos que a las 5, para poder ir a la sesión de las 6.

Llegué muy feliz, unos 5 minutos tarde, pero bueno. Al salir del metro él aún no había llegado. Yo iba con una muleta aún, pero pensé que no le importaría. Me costaba poner bien el pie, a veces. Pasaron unos diez minutos y no llegaba. Pensé algo así como “este chico ni me dice nada, oye. Si llega tarde me podría avisar.” Me dije a mí misma que si pasaban 20 minutos y no venía, me iría. Al fin y al cabo yo había llegado un poco tarde.

Pasaron los 20 minutos. Y pasaron 30. Le hice una llamada perdida, a ver si al menos me decía algo. Nada.10 minutos más.

No lo pude evitar. Empecé a llorar. No unas lágrimas. Lloré durante más de 10 minutos, sola en la salida del metro, por un chico que ni siquiera conocía a la luz del día. Estaba tan segura de que él era para mí… Intenté explicármelo pero no sabía cómo. No tenía ninguna llamada ni mensaje en el móvil. No creía que él podía simplemente no venir. Lloraba desconsolada por haber perdido algo que no había tenido nunca. Pensaba ¿Por qué me pasa a mí?

Me culpaba a mí misma de haber confiado en una persona desconocida. Me culpaba por haber sido tan feliz gracias a que ese chico me había hecho pasar una noche muy bonita y yo había dado por hecho que habría muchas más.

Lo llamé.

“Hola” Él sonaba normal. “Qué… ¿no vas a venir?” Yo intentaba no llorar más. “No, si te he mandado dos mensajes para avisarte” Ahí no sabía si me estaba dando una excusa barata, si era tonto de remate por no darse cuenta de que estaba llorando, o qué. “Qué dices. A mi no me ha llegado nada. Llevo una hora esperando en la parada del metro” Se me rompía el corazón en cachitos al oír su voz. “No… me he tenido que quedar con mis hermanos, te he mandado dos mensajes” Cada vez me sonaba más a excusa “Bueno ¿y si no te he contestado no te parece raro? Entonces me voy” Me quería ir a mi casa. Me quería ir y mandarlo a tomar por culo saco.

“Otra vez será, no?” Creo que esa frase se me marcó a fuego en el cerebro.

Le dije lo que se me ocurrió para acabar la conversación. Una hora y media después de esa llamada estaba llegando a mi casa. Para colmo del día tan fantástico que había tenido, mi madre me dijo que no debería haber ido a la cita. Le dije muy (no) educadamente que me dejase en paz, que bastante había tenido ya.

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9 Junio 2009

Una historia en caliente

Esperaba sentada en un sofá de la oficina de Carlo. Él estaba a punto de plegar, eran ya las ocho y veinticinco. Mientras él recogía los papeles y apagaba el ordenador, yo empecé a pensar en lo que ocurriría después de la cena.

Esa noche era nuestro aniversario. Ya llevábamos dos años y medio juntos. Aún así, la pasión que nos envolvía no se había apagado y nuestras noches estaban vivas y ardíamos sin temor de quemar todo lo que nos rodeaba.

Fuimos a cenar, Carlo iba muy elegante con su traje negro y esa camisa púrpura. Me estaba muriendo de ganas de desabrocharle los botones, pero resistí a la tentación. Yo llevaba mi vestido negro, de espalda escotada. Tenía el pelo recogido, aunque no iba a durar mucho así…

Carlo pidió por los dos. Ostras con champagne, y de postre, fresas con canela. Una cena afrodisíaca que nos adelantaba sensaciones de la noche que acababa de empezar.
“Sin querer”, mi pie empezó a acariciar la pierna de Carlo. Mirándole a los ojos empecé a susurrar mis deseos. Entonces apareció el camarero con la cuenta y rompió el hechizo que nos había ensimismado.

Salimos casi corriendo del restaurante, incluso el responsable del parking creyó que nos habíamos marchado sin pagar… Pero nuestra prisa se debía al deseo de probarnos, de morder, de lamer, de acariciarnos, de poseernos el uno al otro.

Por suerte, yo había hecho la reserva para la cena y creí más que conveniente que pasásemos la noche en un hotel cercano al restaurante. El mejor hotel de la zona, claro está. El recepcionista nos esperaba ya con la llave en el mostrador, puesto que pedí al maître del restaurante que llamase al hotel en cuanto hubiéramos acabado la cena.

Con la llave en la mano entramos al ascensor y en cuanto se cerraron las puertas, Carlo me besó muy suavemente, de una forma que me vuelve loca, como una incitación a la castidad que correspondía totalmente al contrario de lo que iba a suceder en unos minutos.

Entramos en la habitación, Carlo no podía evitarlo y me soltó el pelo. Le encanta acariciarlo y olerlo. Él estaba detrás de mí, así que sentía su cuerpo contra el mío, percibía su olor y, mientras él me besaba el cuello, yo me empezaba a estremecer y mi cuerpo olvidaba el frío del exterior para centrarse en un calor conocido y muy agradable.

Entonces me giré, le besé y mientras le miraba a los ojos empecé a desabrocharle los botones de la camisa púrpura, uno tras otro. Mientras tanto, Carlo me acariciaba las manos, los brazos, las caderas, los pechos, las piernas… Cuando yo acabé, Carlo me desabrochó el vestido entre caricia y caricia, y me dijo al oído “Abigaíl, esta noche va a ser inolvidable, vamos a hacer temblar el universo”

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26 Mayo 2009

¡Nada de soap opera!

Por si no lo sabías, soap opera es como le llaman los guiris (ingleses/americanos) a las telenovelas. Y hoy no escribiré más sobre mi soap opera personal – la historia de Mike y yo – sino que usaré recursos literarios… o sea, cosas que escribí hace ya un tiempecillo.

No suelo escribir pensando demasiado. Lo escribo tal y como me sale. No me gusta mucho presumir de esto, pero es así. Alomejor es por eso que el vocabulario no suena rebuscado y las frases son un tanto raras. ¿Alomejor? ¡Qué va! Seguro.

Por cierto, Mike y yo ya hemos decidido el título/s de nuestro/s libro/s, de nuestra soap opera. Se llamará El guapo y yo/ La guapa y yo. Eso depende de qué lado del libro estés leyendo, el que escribo yo o el que escribirÁ él. Quede clara esa Á, que significa segunda persona singular Futuro simple.

Mike no tiene tanto tiempo libre como yo, el pobre está hasta arriba de deberes, y la simpática de su profesora de historia está empeñada en hacerle la vida imposible. Bueno, quizás sea exagerado. Lo único que le pide es que repita todos los trabajos una y otra vez “porque ha copiado la información”. Mmmm… Señora, ¿qué quiere que haga? ¿Reinventar la historia?

Dejemos ese tema, está visto que con una paliza se arregla ;)

Bueno, a continuación pegaré -literalmente, porque lo tengo copiado en el ordenador- el relato de Abigaíl. Es rara. Creo que la conocí un día en clase de matemáticas. Pero ya no me acuerdo.

Existia sólo una persona en el mundo que conociese a Abigaíl. Esa persona era su madre. Abigaíl era muy abierta, con decisiones firmes y que sabía muy bien lo que quería. Abigaíl vivía en una mansión, junto con su madre. Su madre, Aurora, salía cada sábado a comprar provisiones para la semana. Los otros días hacía las tareas, o leía, o escribía, o pintaba… Abigaíl no tenia suficiente maña para hacer uso de las escobas, para fregar los platos con una esponja ni para remover el caldo con una cuchara de palo, así que su madre se encargaba de todo sola. Abigaíl no se aburría, siempre vagaba por su casa, sin salir nunca porque su madre no lo permitía. Ella observaba a Aurora, para aprender a ser como ella. O almenos Aurora creía que era así. Cuando Aurora murió, con ella murió Abigaíl. No os pongais tristes por Aurora, porque es sólo una invención mía. Sobre Abigaíl, la única persona que podía ponerse triste por su muerte era su madre, que la inventó en su mente como recurso a la soledad.

Y, no sé, quizás mañana más.

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25 Mayo 2009

El principio de nosotros

Pese a tener un horrible dolor de cabeza, no tengo otra cosa que hacer y además me he animado a escribir algo más. Pero como mi jaqueca no me deja “crear” voy a hacer un autoplagio-biografia-algo_que_ya_tenía_escrito y así me entretengo. En realidad, lo que escribiré a continuación es el principio de un volumen A. Me encantaría poder poner el principio de el volumen B, pero es Mike quien debe escribirlo. No me gusta escribir sobre un hecho real que sólo conozco “más o menos”.

Aviso: Haré esto muchas veces. O sea, copiaré aquí cosas que ya he escrito. Creo que no soy la única – o eso espero -. Veo difícil que a toooooooda la gente que postea le salgan las palabras inspiradas por un teclado duro y frío (o caliente si ha estado mucho tiempo usándolo, quién sabe)

Así que mi primera aportación realmente literaria -no la explicación de mis pensamientos, sino un producto de mis emociones- llega a continuación:

[Por cierto, me encanta hacer espacios entre párrafo y párrafo]

Introducción al Volumen A- Yo

Esa tarde, mi muleta y yo habíamos ido a ver a unos amigos patinar, cerca de la playa. Hacía dos meses que no tocaba mis patines. Un esguince en el pie derecho.

Por la noche, Patricia -mi compañera de clase- y yo, fuimos a cenar. Últimamente Patricia había tenido problemas con su novio, así que la animé para salir por ahí a bailar. Ella ni se lo pensó, ¡estaba cansada de quedarse en casa todos los viernes!

A pesar de que nos conocíamos desde hacía más de un año, Patricia y yo nunca habíamos quedado fuera del horario de clase. Supongo que por su novio.

Y ahí estábamos las 3, Patricia, mi muleta, y yo. Paseando por las Ramblas, unos italianos nos echaron unos cuantos piropos. ¿Sería la muleta, que les hacía gracia?

Ignoramos a los chicos, la verdad. Patricia ya tenía bastante con su novio… y yo tampoco les estaba prestando demasiada atención. Así que hacia las 10 de la noche ya estábamos cenando y, a las 11 y media,dábamos vueltas por la calle. Muertas de aburrimiento.

Los pubs del puerto quedaban demasiado lejos, posiblemente mi tobillo no aguantaria todo el camino y una noche de baile. Nos quedamos en la misma zona donde habíamos cenado. Yo nunca había salido por ahí, y Patricia aún menos.

La primera chica que nos cruzamos nos ofreció unos “flyers”, entrada y una copa gratis. Si que deben estar desesperados, pensamos. Sé que Patricia pensó lo mismo, por cómo me miró. Pero creo que suelen hacer ese tipo de ofertas en todas las discotecas. Así atraen a más chicos,que son los que más consumen ¿no?

Qué decepción al llegar a la disco. No había casi nadie. Nadamás entrar los tipos que había por allí sentados se pusieron en posición de cuervo-los codos apoyados encima de la barra y mirando el panorama, a ver si podían “pillar” alguna chica- Nos reímos bastante de ellos.(Ups, que eso no conste en acta,¡porfavor!)

[UN PEQUEÑO INCISO : Si eres chico y sueles hacer eso, porfavor, olvídalo. Es horrible]

Al cabo de un rato de estar bailando, un individuo -al que finalmente bautizamos “el psicópata”- empezó a caminar/correr/bailar cerca, demasiado cerca, nuestro. Miraba el móvil de una forma impulsiva.

Al final llegamos a la conclusión de que tenía algun retraso. Así que no nos reímos de él ni nada parecido. Y eso que al final daba cosa el hecho de que estuviera constantemente a menos de 5 metros de mi.

¡Pero ese no es el tema!

Al cabo de media hora, más o menos, vi entrar un chico guapísimo por la puerta. Iba con una amiga. Que eran amigos lo deducí porque ella era algo más mayor, y porque nadamás entrar en la discoteca se besaron en las mejillas y él vino a menos de 2 metros de donde Patricia y yo estábamos.

Lo miré. Era inevitable. Era raro. Era una mezcla de chulito de discoteca con chico de anuncio. Algunas mechas rubias. La camisa abierta por arriba, enseñando el pelo del pecho. Musculitos. Sonrisa de infarto… AY! Que me he pasado. Lo de la sonrisa lo descubrí al cabo de un rato.

Yo le miré. Y aunque quede muy peliculero, él me miró a mi. No podia evitar decírselo a Patricia. Me sentía super…super…super de todo. Estaba buenísimo y me estaba mirando A MÍ !!!

Pero bueno, lo atribuí a que, como mucho, había 5 chicas más en toda la discoteca. Y… joder, que yo tampoco estoy tan mal ¡aunque no sea una top model!

Pese a que me estaba mirando, tampoco le puse demasiadas expectativas. Y cuantos más ánimos me quitaba a mí misma, más me miraba. Y es más, le pillo mirándome, y va el tío y sonríe. Pero no sonriéndome del estilo “nena, sé que te gusto”. Él sonrió de aquella manera que sonreímos cuando alguien nos pilla mirándole, o cuando pillamos a alguien mirándonos. Una sonrisa de “mierda, que me ha pillado” y te entra la risa floja.

Puedo confirmar que existe el amor a primera vista. Lo confirmé en ese instante, al ver su sonrisa.

( Este párrafo lo pongo separado por si alguien se ha mirado por encima el texto, y sólo ha leído las frases sueltas. Como me gustan mucho las pongo separadas, ¡¡¡¡que las lea todo el mundo!!!!)

Entonces Patricia y yo nos fuimos a la barra. Es raro,lo sé. Pero ¿qué voy a hacer? ¿Ilusionarme? ¿Por una sonrisa? Necesitaba hidratarme.

Yo no bebo. De verdad. No he bebido nunca, no bebo ahora… y supongo que no beberé. Básicamente no me gusta nada el sabor del alcohol. Tampoco fumo, por si alguien-aunque lo dudo- se lo pregunta.

Pedí un agua, no recuerdo qué pidió Patricia. El guapo- esa noche nos dió por bautizar a los chicos. “El guapo” era el nombre ideal para el chico-trident- nos siguió a la barra. Pidió un agua, igual que yo. Le miré. Le hablé. “Tienes envidia, ¿eh?”. Se rió, muerto de vergüenza, supongo.Y dijo “No”.

Y entonces yo le di la espalda. ¿PERO QUÉ HACES, LOCA? eso es lo que me auto-pregunté al darme cuenta de lo que acababa de hacer. Le dije a Patricia que después de hablarle a mi amor-a-primera-vista le había dado la espalda. Ella estaba a mi lado, pero creo que hasta que no se lo dije no se dió cuenta. Estaría pensando en su novio. Quizás.

Después de ese corte tan desagradable, Patricia y yo nos fuimos hacia otro lado de la disco. Nos sentamos en el podio-es que no había nadie, nadie, de verdad-

Y vino un chico. Un chico negrito -no se ofendan las personas de color, es que así es más corto- diciéndome que cómo me llamaba. Admito que fuí una antipática. Antes de que me dijese nada, yo ya le había intentado ahuyentar con unos cuantos “No” rotundos.

Y claro, el tipo se me enfadó. “Vale,vale, sí. ¡Que sólo te preguntaba el nombre, eh!” Y parece que soy buena mediadora. “Sí, pero si quieres saber mi nombre es para seguir hablando luego,¿no?”. La clavé. El chico se fué y cual fué mi sorpresa. De pie detrás de él, como si yo fuera una princesa esperando a sus pretendientes, estaba el príncipe ideal – ideal físicamente, claro. Es muy superficial decir que era amor a primera vista y todo ese rollo, pero yo sé que des del principio algo pasó. Seguro que nos conocemos de una vida anterior.-
Y se sentó a mi lado.

Tres metros más allá, ¿adivina quién había? el chico-psicópata. Además, cada vez que pasaba por mi lado me miraba a los ojos, con los suyos bien abiertos. Echando la cabeza hacia delante.

Y en esas, yo avisé al chico-musculitos-trident-chulito-ideal de que estaba apunto de sentarse con un “grupo” de chicas. Y que debería acatar las consecuencias.

VALE HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO, que esto luego es muy largo y cansa leer tanto.

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25 Mayo 2009

Como yo misma

En realidad empiezo para mí. No pretendo nada. Supongo que esto lo leerá Mike y algún que otro aburrido que esté navegando por la red a altas horas de la noche -o a bajas horas de la mañana- Por cierto, ¿eso de las bajas horas existe?

Para variar, escribir ha sido siempre una vía de escape. No sé dibujar, no sé componer, no sé modelar… Hay muchas cosas que no sé, quizás tampoco sepa escribir. Intento no hacer faltas de (H)ortografía, que almenos es un alivio para la vista. Pongo la H entre paréntesis porque es muda. Y… ah! Me gusta creer que sí sé escribir.

Humor un poco personal, lo siento.

Como decía, empiezo siendo egoísta. En realidad siempre lo soy, ¿o es que debería empezar algo sólo porque otra persona lo quiere?

Estoy segura de que Mike quedará ensimismado después de leer esto, un pedacito de mí, un puñado de píxels que flotan en un ciberespacio. Un espacio que creo que nunca alcanzaré a comprender. Jaja, ¿se nota que soy de letras?

Me gusta que Mike aprecie todo lo que escribo. Él me anima a seguir escribiendo. Así que si alguien tiene algún problema con lo que escribo, que se lo diga a él. Él tendrá las mil razones para revocar qualquier pretexto, eso es amor -¡Y el amor sabe a fresa!-

El título de este “blog” – entre comillas, porque seguro que no escribo cada día ni mucho menos – tiene mucha razón. Me describe a mí y a todo lo que escribo. Que haya un principio no implica que haya un final, o almenos no un final explícito. ¿Nunca te ha pasado que te gusta tanto un libro que te da rabia acabar de leerlo? Vale, si has dicho que no, es porque lees poco ;)

No me gusta acabar historias que tienen un principio bonito (bonito también quiere decir bien escrito). Porque… ¿por qué darle un final a algo que no lo merece? Quiero decir un final rápido. Un final que no haya salido de entre mis dedos sin tenerlo que pensar.

Se me da mal acabar las historias que no tengo claras desde un principio. Así que no las acabo.

No solo hay que leer. Hay que vivir. Y después, si te sale, escribirlo.

¡¡¡¡Y SI NO LO HAS VIVIDO, TE LO INVENTAS!!!!

Me saco el sombrero.

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