Pese a tener un horrible dolor de cabeza, no tengo otra cosa que hacer y además me he animado a escribir algo más. Pero como mi jaqueca no me deja “crear” voy a hacer un autoplagio-biografia-algo_que_ya_tenía_escrito y así me entretengo. En realidad, lo que escribiré a continuación es el principio de un volumen A. Me encantaría poder poner el principio de el volumen B, pero es Mike quien debe escribirlo. No me gusta escribir sobre un hecho real que sólo conozco “más o menos”.
Aviso: Haré esto muchas veces. O sea, copiaré aquí cosas que ya he escrito. Creo que no soy la única – o eso espero -. Veo difícil que a toooooooda la gente que postea le salgan las palabras inspiradas por un teclado duro y frío (o caliente si ha estado mucho tiempo usándolo, quién sabe)
Así que mi primera aportación realmente literaria -no la explicación de mis pensamientos, sino un producto de mis emociones- llega a continuación:
[Por cierto, me encanta hacer espacios entre párrafo y párrafo]
Introducción al Volumen A- Yo
Esa tarde, mi muleta y yo habíamos ido a ver a unos amigos patinar, cerca de la playa. Hacía dos meses que no tocaba mis patines. Un esguince en el pie derecho.
Por la noche, Patricia -mi compañera de clase- y yo, fuimos a cenar. Últimamente Patricia había tenido problemas con su novio, así que la animé para salir por ahí a bailar. Ella ni se lo pensó, ¡estaba cansada de quedarse en casa todos los viernes!
A pesar de que nos conocíamos desde hacía más de un año, Patricia y yo nunca habíamos quedado fuera del horario de clase. Supongo que por su novio.
Y ahí estábamos las 3, Patricia, mi muleta, y yo. Paseando por las Ramblas, unos italianos nos echaron unos cuantos piropos. ¿Sería la muleta, que les hacía gracia?
Ignoramos a los chicos, la verdad. Patricia ya tenía bastante con su novio… y yo tampoco les estaba prestando demasiada atención. Así que hacia las 10 de la noche ya estábamos cenando y, a las 11 y media,dábamos vueltas por la calle. Muertas de aburrimiento.
Los pubs del puerto quedaban demasiado lejos, posiblemente mi tobillo no aguantaria todo el camino y una noche de baile. Nos quedamos en la misma zona donde habíamos cenado. Yo nunca había salido por ahí, y Patricia aún menos.
La primera chica que nos cruzamos nos ofreció unos “flyers”, entrada y una copa gratis. Si que deben estar desesperados, pensamos. Sé que Patricia pensó lo mismo, por cómo me miró. Pero creo que suelen hacer ese tipo de ofertas en todas las discotecas. Así atraen a más chicos,que son los que más consumen ¿no?
Qué decepción al llegar a la disco. No había casi nadie. Nadamás entrar los tipos que había por allí sentados se pusieron en posición de cuervo-los codos apoyados encima de la barra y mirando el panorama, a ver si podían “pillar” alguna chica- Nos reímos bastante de ellos.(Ups, que eso no conste en acta,¡porfavor!)
[UN PEQUEÑO INCISO : Si eres chico y sueles hacer eso, porfavor, olvídalo. Es horrible]
Al cabo de un rato de estar bailando, un individuo -al que finalmente bautizamos “el psicópata”- empezó a caminar/correr/bailar cerca, demasiado cerca, nuestro. Miraba el móvil de una forma impulsiva.
Al final llegamos a la conclusión de que tenía algun retraso. Así que no nos reímos de él ni nada parecido. Y eso que al final daba cosa el hecho de que estuviera constantemente a menos de 5 metros de mi.
¡Pero ese no es el tema!
Al cabo de media hora, más o menos, vi entrar un chico guapísimo por la puerta. Iba con una amiga. Que eran amigos lo deducí porque ella era algo más mayor, y porque nadamás entrar en la discoteca se besaron en las mejillas y él vino a menos de 2 metros de donde Patricia y yo estábamos.
Lo miré. Era inevitable. Era raro. Era una mezcla de chulito de discoteca con chico de anuncio. Algunas mechas rubias. La camisa abierta por arriba, enseñando el pelo del pecho. Musculitos. Sonrisa de infarto… AY! Que me he pasado. Lo de la sonrisa lo descubrí al cabo de un rato.
Yo le miré. Y aunque quede muy peliculero, él me miró a mi. No podia evitar decírselo a Patricia. Me sentía super…super…super de todo. Estaba buenísimo y me estaba mirando A MÍ !!!
Pero bueno, lo atribuí a que, como mucho, había 5 chicas más en toda la discoteca. Y… joder, que yo tampoco estoy tan mal ¡aunque no sea una top model!
Pese a que me estaba mirando, tampoco le puse demasiadas expectativas. Y cuantos más ánimos me quitaba a mí misma, más me miraba. Y es más, le pillo mirándome, y va el tío y sonríe. Pero no sonriéndome del estilo “nena, sé que te gusto”. Él sonrió de aquella manera que sonreímos cuando alguien nos pilla mirándole, o cuando pillamos a alguien mirándonos. Una sonrisa de “mierda, que me ha pillado” y te entra la risa floja.
Puedo confirmar que existe el amor a primera vista. Lo confirmé en ese instante, al ver su sonrisa.
( Este párrafo lo pongo separado por si alguien se ha mirado por encima el texto, y sólo ha leído las frases sueltas. Como me gustan mucho las pongo separadas, ¡¡¡¡que las lea todo el mundo!!!!)
Entonces Patricia y yo nos fuimos a la barra. Es raro,lo sé. Pero ¿qué voy a hacer? ¿Ilusionarme? ¿Por una sonrisa? Necesitaba hidratarme.
Yo no bebo. De verdad. No he bebido nunca, no bebo ahora… y supongo que no beberé. Básicamente no me gusta nada el sabor del alcohol. Tampoco fumo, por si alguien-aunque lo dudo- se lo pregunta.
Pedí un agua, no recuerdo qué pidió Patricia. El guapo- esa noche nos dió por bautizar a los chicos. “El guapo” era el nombre ideal para el chico-trident- nos siguió a la barra. Pidió un agua, igual que yo. Le miré. Le hablé. “Tienes envidia, ¿eh?”. Se rió, muerto de vergüenza, supongo.Y dijo “No”.
Y entonces yo le di la espalda. ¿PERO QUÉ HACES, LOCA? eso es lo que me auto-pregunté al darme cuenta de lo que acababa de hacer. Le dije a Patricia que después de hablarle a mi amor-a-primera-vista le había dado la espalda. Ella estaba a mi lado, pero creo que hasta que no se lo dije no se dió cuenta. Estaría pensando en su novio. Quizás.
Después de ese corte tan desagradable, Patricia y yo nos fuimos hacia otro lado de la disco. Nos sentamos en el podio-es que no había nadie, nadie, de verdad-
Y vino un chico. Un chico negrito -no se ofendan las personas de color, es que así es más corto- diciéndome que cómo me llamaba. Admito que fuí una antipática. Antes de que me dijese nada, yo ya le había intentado ahuyentar con unos cuantos “No” rotundos.
Y claro, el tipo se me enfadó. “Vale,vale, sí. ¡Que sólo te preguntaba el nombre, eh!” Y parece que soy buena mediadora. “Sí, pero si quieres saber mi nombre es para seguir hablando luego,¿no?”. La clavé. El chico se fué y cual fué mi sorpresa. De pie detrás de él, como si yo fuera una princesa esperando a sus pretendientes, estaba el príncipe ideal – ideal físicamente, claro. Es muy superficial decir que era amor a primera vista y todo ese rollo, pero yo sé que des del principio algo pasó. Seguro que nos conocemos de una vida anterior.-
Y se sentó a mi lado.
Tres metros más allá, ¿adivina quién había? el chico-psicópata. Además, cada vez que pasaba por mi lado me miraba a los ojos, con los suyos bien abiertos. Echando la cabeza hacia delante.
Y en esas, yo avisé al chico-musculitos-trident-chulito-ideal de que estaba apunto de sentarse con un “grupo” de chicas. Y que debería acatar las consecuencias.
VALE HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO, que esto luego es muy largo y cansa leer tanto.